19 jul. 2011

Amigos...

Hubo un tiempo en que yo tenía esta máxima: "toda comedia española protagonizada por Ernesto Alterio es divertida". No digo buena, digo divertida. Me refiero a aquellos años de El otro lado de la cama, Días de Fútbol, Semen... A mí me parecían comedias aceptables. Y estoy hablando en pasado porque, por lo que veo, ese tiempo ya pasó. O eso, o esta película es la excepción que confirma la regla.

Fui a ver Amigos... sin grandes esperanzas, simplemente a pasar una tarde divertida y con un poco de curiosidad, primero, porque el guión estaba escrito, a medias con el director, por Borja Cobeaga (guionista también de Pagafantas y No Controles) y segundo, porque eso de que aparecieran referencias directas a programas de televisión me llamaba la atención.

La trama de esta película parece mucho más interesante de lo que luego resulta ser. Tenemos a cuatro amigos de toda la vida. Muere uno de ellos, el que más triunfó, que era presentador de televisión. Como regalo de despedida, le deja a sus amigos una apuesta: el que consiga más audiencia en televisión se llevará un montón de millones de euros. Podría parecer una bonita crítica a la televisión que tenemos en este país, una demostración de que cualquiera puede conseguir audiencia vendiendo su dignidad, o una mofa al estilo de programas de televisión que triunfan en España, pero no lo es. Esta película está del otro lado, del lado de "vamos a darle más mierda, que les gusta".

Para mí lo único salvable es el trío de actores protagonistas, que salvan bastante la película con su comicidad y complicidad, aunque lo tienen realmente difícil porque sus personajes tampoco es que sean para tirar cohetes. Por un lado, el para mí desconocido Alberto Lozano, le da a la comedia el poquito corazón que la película tiene, Diego Martín pone el puntito gamberro (desde mi punto de vista tiene el mejor personaje de la película) y Ernesto Alterio está como siempre, o sea, bien, pero no destaca especialmente.

Como la película, que no destaca por nada. Un humor demasiado facilón, poco enredo y pocas carcajadas. ¿Entretenida? Pues sí, oye, se te pasan las dos horas, pero igual que te puedes pasar dos horas delante de Telecinco: se te ha pasado el tiempo pero sabes que has estado viendo basura. Un ojete de dromedario recomendada solo para aquellos que, hoy en día, serían capaces de mondarse con un chiste sobre Farruquito.

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