1 dic. 2011

Un tranvía llamado deseo

Menudo peliculón del que vamos a hablar. Se tiene que agarrar uno los machos para saber por dónde empezar a comentar una película como esta, tan conocida y tan valorada en la historia del cine mundial.

Eso sí, yo he de reconocer que la acabo de ver por primera vez, porque aunque conocía de su existencia desde muy pequeña porque mis padres la tenían por casa y alguna vez compartí con ellos alguna escena mientras la veían, la verdad es que siempre había tenido el recuerdo de que era una película que no entendía y que, por supuesto, no me hacía gracia (de pequeña solo veía películas que me entretenían, y si algo tenemos todos claro, creo yo, es que Un tranvía llamado deseo no es la típica película que entretiene a un niño).

Gracias a Todo sobre mi madre el recuerdo de esta película se avivó en mí, y gracias también a esta película empecé a cogerle un especial cariño al personaje de Blanche DuBois. Sin duda alguna este personaje, protagonista de la película, era el que más me llamaba la atención antes de ver la película y el que más me ha gustado mientras la veía.

Un tranvía llamado deseo cuenta la historia de una mujer madura que está pasando una crisis personal y acude a visitar a su hermana a Nueva Orleans. Su hermana está casada con un hombre un poco brutote cuya personalidad chocará desde el primer momento con la sensibilidad de la atormentada Blanche, lo que acabará provocando bastantes conflictos entre la joven pareja.


La película está directamente inspirada en la obra de teatro del mismo nombre escrita por el famoso escritor Tennessee Williams.Con ella, este escritor pretendía ahondar en las relaciones de pareja y en los misterios de una mente que ha vivido demasiados fracasos que ha decidido transformar en bonitos recuerdos.

Sin duda alguna el plato fuerte de esta película son las interpretaciones de los actores protagonistas: Vivien Leigh, que da vida a Blanche y Marlon Brando, al que nunca había visto de tan joven, que está to buenorro en esta película, no sé si por exigencias del guión, pues su personaje, Stanley, tiene que estar to' bueno para representar así al macho dominante que tiene más músculos que luces, o porque realmente él era así, pero vamos, que menudo sex symbol de los años cincuenta.

Al parecer la obra de teatro es mucho más dura en la exposición del drama que esconde la pobre Blanche, pero aunque en la película esto se suavizó un poco, esta no deja de ser sobrecogedora en algunos momentos. Es imposible no sentirse identificada, de una manera u otra, con la soñadora Blanche, lo que hacen más duros sus enfrentamientos con los diferentes hombres que la rodean y, sobre todo, hace más trágico el final de la película.

La verdad es que me ha gustado un montón esta película, y me quedo con ganas de leer la obra de teatro, pues Blanche DuBois me ha parecido un personajazo, muy complejo y muy entrañable. Le doy a esta película un copón de película y os la recomiendo, porque realmente es un gran clásico de la historia del cine que se merece su título.

4 comentarios:

  1. Que envidia me da Vivien Leigh! por siempre inmortalizada en el celuloide con dos personajes ya imborrables de la memoria colectiva!

    ResponderEliminar
  2. Grandiosa película, recomiendo, a quién no lo haya hecho y sienta curiosidad, leer la obra de teatro de Williams donde se profundiza en la temática homosexual que la censura no permitió incluir en la versión cinematográfica.

    ResponderEliminar
  3. Que casualidad. Yo también sentí deseos de ver esta peli precisamente por la referencia en Todo sobre mi Madre. En una ocasión vi por cable la versión de Jessica Lange y Alec Baldwin, muy buena también, pero por supuesto que la versión de Kazan con Leigh y Brando es la mejor. Saludos!

    ResponderEliminar