18 dic. 2010

El último guion. Buñuel en la memoria.

Hace unos tres años, en una asignatura de libre elección que además era asignatura puente para comenzar el segundo ciclo de comunicación audiovisual, y de cuyo nombre no quiero acordarme, nos pusieron un fragmento de este documental en plan primicia mundial porque venía a visitarnos el director de fotografía del mismo, Pepe Añón. Lo poco que vimos me pareció bastante interesante, sobre todo porque también se hablaba en el documental de Lorca y de Dalí, dos de mis artistas favoritos, así que me quedé con el título para que, cuando por fin se estrenase y estuviera disponible, pudiera verlo entero.

Pasaron los años y hasta la semana pasada no me dio por volver a echarle un vistazo, y ahora, tres años después, el documental no me ha parecido para tanto. En este documenal, y a través del testimonio del hijo de Buñuel y de uno de los mejores amigos del cineasta, Jean Claude Carriére, vamos recorriendo toda su vida, desde su infancia, hasta su retiro del mundo del cine. Los dos protagonistas del documental van viajando por el mundo haciendo paradas en los lugares más importantes de la vida de Buñuel y van relatando a la cámara qué pasó allí y por qué fue tan importante para el director español.

Aunque es un documental muy interesante, sobre todo si te gusta el cine de Buñuel, la verdad es que, en mi opinión, no profundiza demasiado y simplemente se limita a mostrar lugares que fueron especiales, sin pararse a pensar por qué lo fueron. Parece más un tour para fans del director que necesitan saber en qué mesa de qué café se sentaba a pensar en sus historias que un análisis de cómo su día a día influyó en su expresividad cinematográfica.

Por esta razón, básicamente, pienso que el documental falla, y aunque lo que se cuenta es interesante, creo que el documental podría haber sacado mucho más provecho del recuerdo de las dos personas que nos relatan las batallitas de Buñuel. No obstante, supongo que todo admirador del famoso cineasta sabrá encontrarle su jugo. Yo le doy un ojete de monico.

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