11 sept. 2011

Laberinto de pasiones

Con un año más sobre la espalda vengo a hablaros de la segunda película del conocidísimo director Pedro Almodóvar. Este fin de semana me he dedicado a celebrar mi cumpleaños como los gitanos, con varios días de celebración, con música, bebida y buena comida, y he dejado el cine un poco de lado, pero voy a ponerle remedio ahora mismo.

Con la llegada de La Piel que habito al cine hace unos días (por cierto, ya comenté esta película aquí, por si le queréis echar un vistazo) me di cuenta de que había dos películas de este director que prácticamente no recordaba. Una de ellas era esta, Laberinto de Pasiones, y la otra La ley del Deseo. A La Ley del Deseo la voy a dejar para más adelante, para no saturarme de almodovarismo tampoco, pero Laberinto de Pasiones la vi al día siguiente de ver su última película.

Laberinto de pasiones, como su propio título ya hace suponer, es un drama de enredo amoroso. Varios son los personajes que nos vamos encontrando a lo largo de este laberinto, cada cual más variopinto, empezando ya desde el protagonista, el hijo huido del emperador de Tirán, que llega a Madrid con ganas de pasar unos días con un modo de vida totalmente diferente al que él ha vivido. Enseguida conoce a Fabio, un famoso actor porno con el que vivirá un idilio, y a Sadec, quien se enamorará de él y conseguirá encontrarlo gracias a su desarrolladísimo sentido del olfato. Pero será Sexi, una ninfómana líder de un grupo musical característico de los años de la Movida quien consiga entender su corazón.

Pedro Almodóvar vuelve a demostrar el tipo de director que es: un amante de lo surrealista, de lo absurdo, de lo exagerado, del petardeo, de lo grotesto, de lo escatológico, y que no llega a resultar desagradable, sino divertido. Esta película también es un gran testimonio gráfico de los años de la Movida Madrileña, en la que Almodóvar estuvo muy presente. Habían llegado las libertades, y eso se reflejaba en la forma de ser, en la forma de vestir, en la forma de relacionarse, en la forma de crear y en la forma de mirar al futuro.

Esa libertad creativa también puede notarse en la forma de dirigir de Pedro, que se demuestra totalmente desinhibido y perfectamente cómodo tras la cámara, y es capaz de mezclar todo lo que le sale del coño (hablando así de mal), como relaciones incestuosas, números musicales, líos de terroristas y famosas del corazón, formando un cóctel muy apetecible. Se nota que Almodóvar estaba en su salsa, que era él 100%, y lo mejor es que ese cine sin pretensiones era capaz de llegar a un público y todavía lo sigue consiguiendo.

La película está cargada de grandes momentos, algunos de ellos históricos ya, como las apariciones de McNamara, que para mí son lo único realmente bueno de la película. Aunque la película es muy fresca y muy auténtica, no llega a la calidad que adquirirá el films posteriores, y por eso solo le voy a dar un ojete de monico, aunque reconociendo todos sus méritos.

1 comentario:

  1. Uy, en esta lo mejor es don Fabio Mc Namara, con ese inicio metiéndose rayas en plena calle y diciendo "que overdose" con ese tono suyo. Y luego creo que salía de mujer de Avón y hacía la rima con putón, no la recuerdo exactamente, jajajaja.

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