9 dic. 2013

Las brujas de Zugarramurdi

Alex de la Iglesia tiene dividida a la población cinéfila. Su cine se está volviendo cada vez más personal, y, en mi opinión, especial, y eso está haciendo que haya mucha gente que de Balada Triste de Trompeta para acá se esté "decepcionando" con las nuevas películas de Alex. Afortunadamente no es mi caso, pues si ya era yo fan incondicional de este autor español, no solo sobreviví a su Balada sino que salí con el fanatismo renovado.

Cuando más disfruto yo del cine español es cuando se pone costumbrista. Pero no costumbrista coñazo rollo "qué pobres somos, qué mal lo estamos pasando y encima mi hijo está en la cárcel", sino costumbrista a lo Larra, a lo esperpéntico o si preferís, a lo Berlanga. Alex de la Iglesia ya ha demostrado muchas veces, por no decir en cada una de sus películas, que tiene una peculiar visión de la sociedad española que a mí me parece de lo más divertida, así que no me voy a perder jamás de los jamases ninguna de sus películas.

A Las Brujas de Zugarramurdi la esperé con ganas, pues todos los detalles que fui poco a poco conociendo durante su rodaje, posproducción y estreno me parecían de lo más jugoso. Si he de ser sincera, lo que más me atraía era el reparto: poder volver a disfrutar de Carmen Maura, una de las mejores actrices españolas, dirigida por de la Iglesia, pero sobre todo, sentía una gran curiosidad por ver a Mario Casas a las órdenes de este director, pues, como ya he comentado otras veces, Mario Casas a mí me parece un actorazo y cuando se pone a hacer cine en serio demuestra que el chico lo vale y mucho. 


Por supuesto, el reparto no decepcionó. En absoluto. Es más, me llevé varias sorpresas y todas agradables, pues si bien disfruté del trabajo de Carmen y disfruté de la actuación de Mario, podría decir que he visto a Hugo Silva trabajar como nunca en su vida, a Terele Pávez asombrosa, y encima me he llevado "de gratis" un montón de buenos cameos de esos que da mucho gustico ver y reconocer, destacando por encima de todos el de La Topi, haciendo de muy mujer en la cena de muy mujeres. 

Por otro lado, con todo lo rara y fantasiosa que nos ha salido esta película, hay que reconocer que como comedia funciona, puesto que, aunque puedan resultar chocantes ciertas escenas, simplemente por ir más allá de lo que se nos podría pasar por la cabeza como espectadores (que eso no es algo malo ni mucho menos), una no puede dejar de reírse.

Dos pegas le voy a poner a esta película. La primera, que estando Macarena (¡mi Macarena!) Gómez por ahí, su personaje sea bastante regular en general y no se le haya sacado todo el partido que tiene que esta chica que es una cómica excelente, y la segunda, que el clímax es un jaleo tremendo y acaba una que no sabe ni dónde ha estado. 

Mi sensación final y general de la película es que se podía haber hecho mucho más de una idea como esta. A la película le sobra imaginación pero creo que no está del todo encauzada. Empieza tan tan tan fuerte y tan bien que esperas que ese sea el tono de toda la cinta, pero a medida que la historia se pierde en las profundidades de lo español, la espectacularidad de esos primeros minutos también se disuelve, volviendo a estallar en el final de la cinta, pero de un modo mucho más caótico. Se queda la pobre a las puertas de la gloria con un ojete de monico. Eso sí, tengo la esperanza de que gane con el segundo visionado. 

2 comentarios:

  1. Qué alegría sería una doble penetración de Hugo y Mario, ahí, los dos a una. A una que soy yo, claro.

    Soraya

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  2. Totally agree! Hasta que llegan a Zugarramurdi es un peliculón. Después cambia, pero con todo el rollo de la mansión tiene su encanto y su gracia... Pero el aquelarre parece la obra de teatro de Pepe y Espeso! No hay por dónde coger ese final. Un batiburrillo que no hay muy bien cómo terminarlo... Nos faltó meter un bicho gigante y ya estaba todo solucionado. No sé Pepe, pero David Muñoz habría sido feliz xD

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