Si hay una palabra que podría describir esta película, yo creo que sería “rara”. A mí todo me ha resultado muy raro en este segundo visionado. La historia es rara, Elijah Wood de toda la vida de Dios me ha parecido un chico raro, la chica violonchelista es rara, el padre de la de los transplantes es muy raro, el señor sin cuerpo… todo muy raro, muy raro. Pero oye, lo raro no tiene por qué ser malo. Si esta película es mala, creo yo, es por su tufillo a telefilm. Creo que Los Crímenes de Oxford está ahí rozando la línea entre el cine y la basura que nos pone Antena 3 los sábados después de comer.

Lo mejor del cine de Alex de la Iglesia, para mí, es ese toque español, casi esperpéntico, que le pone a todas sus películas. Y claro, al ser esta una película rodada en inglés, situada fuera de nuestras fronteras, ese toque mágico, por narices, tenía que perderse, con lo cual, la película no tiene ni pizca de gracia. Es verdad que la historia tiene su puntito de interés. No deja de ser una película de misterio, con sus crímenes y todo, y eso hace que sea más fácil captar la atención del espectador, pero yo creo que fracasa a la hora de crear esa tensión, que consigue diluirse por completo cuando se descubre el final.
Vamos, que lo mejor de la película es Leonor Watling y no porque haga el papelón de su vida, sino porque nos enseña sus pechitos, que menudos pechitos tiene. Así que como todo lo demás es regulero, esta peli se queda a las puertas del éxito con un ojete de monico más que merecido.