Se abría ante mis ojos, unos ojos de unos trece o catorce años, un nuevo mundo dentro del mundo del cine. Un nuevo mundo de color, de pasiones, un mundo lleno de vida, y sobre todo, un mundo lleno de petardeo (que, para qué nos vamos a engañar, fue una de las cosas que más me llamó la atención).
Como toda buena película de Almodóvar, aquí todo parece normal, pero no lo es. (Spoilers a tutiplén). El argumento de Todo sobre mi madre podría resumirse así: Una madre pierde a su hijo, su segundo Esteban, guapísimo el chico, una pena, cuando éste intentaba hacer realidad uno de sus sueños artísticos: tener el autógrafo de una de sus actrices favoritas. La madre, apenada, decide trasladarse a Barcelona para encontrar a su padre, su primer Esteban, que ahora es Lola. Buscando a Lola encuentra a La Agrado, una puta, que quiere dejar la calle y recurre a la ayuda de Rosa, una monja. Termina trabajando para la actriz "culpable" de la muerte de su hijo, porque de algún sitio tiene que sacar dineros, pero es acusada de sublebación por Nina, la amante lesbiana de la actriz favorita de su segundo Esteban, que además es drogadicta. Decide cederle el trabajo a La Agrado, que así consigue dejar la calle, mientras ella comienza a cuidar de Rosa, que se ha quedado preñada de Lola, el primer Esteban, que además de preñarla le ha contagiado el virus del sida. Nace un niño, muere Rosa. El tercer Esteban. Final feliz: el niño ha rechazado el virus y crece sanote y hermoso, mientras que el niño de Nina, que dejó a la actriz favorita del segundo Esteban por un gañán de su pueblo, ha crecido gordo y feísimo.

¿No es maravilloso? A mí, al menos, me lo parece. Una de las cosas que más me gustan de los guiones de Almodóvar es lo complejos que son. Es bastante difícil poder decir en una línea de qué va una película de este director, porque generalmente cuenta mil historias que van entrelazándose y que siempre encuentran sentido. Sí, Todo sobre mi madre va sobre las madres, sobre las mujeres, sobre los hombres que quieren ser mujeres, sobre las amigas, pero va de un montón de cosas más: del amor por el cine, de los artistas que interpretan papeles de artistas, de los sueños, de los miedos, del amor...
Pero aunque la historia sea maravillosa, no tendría nada que ver si no hubiera estado interpretada por todas esas pedazo de actrices. Si las "chicas Almodóvar" tienen ese nombre, por algo será, y es que el director manchego siempre se ha rodeado de grandes profesionales y ha sabido exprimirlas como ninguno. Cecilia Roth interpreta el papel de "la madre" dotándolo de una fuerza y una pasión que emocionan al espectador. Huma Rojo, la actriz, está magistralmente interpretada por Marisa Paredes. Penélope Cruz se hace un hueco en esta película interpretando (a mí me encanta esta chica, soy superdefensora de Pe, que por cierto, está a punto de parir) a Rosa. Pero por encima de todas ellas destaca Antonia San Juan, dando vida al, para mí, mejor personaje de la iconografía de Almodóvar: La Agrado.
Vamos, que siendo mi película favorita, imagináos qué se puede llevar de mí. Nada menos que un recopetín de película, y creo que totalmente merecido.