Y esta segunda oportunidad, como suele ocurrir, me ha servido para darme cuenta de cosas que en el primer visionado pasan desapercibidas. Por ejemplo, creo que esta película tiene uno de los primeros puntos de giro más buenos de la historia. El hecho de que sean los protagonistas los que no se acuerden de qué les ha ocurrido ni de cómo han llegado a perder a su mejor amigo hace que la película se vuelva realmente interesante. Lo malo es que a partir de ahí, Resacón en Las Vegas no es más que una secuencia, casi sin sentido, de locuras y de escenas divertidas, sí, pero que llegan a cansar.

Recuerdo que la primera vez que vi esta película salí del cine diciendo que lo que más me habían gustado eran los créditos finales. Me reitero. Bueno, también me ha gustado más en esta segunda pasada el personaje del hermano de la novia, el gordo con barbas, creo que tiene un punto cómico muy interesante. Pero ahí me quedo. De nuevo, y supongo que esta vez será definitivo, Resacón en Las Vegas solamente me ha parecido otra comedia americana. Más gamberra, sí, pero sin nada de especial.
Por lo tanto, ahora sí que puedo decir, totalmente convencida, que Resacón en Las Vegas es, para mí, solamente un ojete de monico. Una película interesante, divertida, pero, al fin y al cabo, bastante típica y pretenciosa.