Básicamente esa es la razón de que yo viera esta película, pues los dramas sociales del cine español de los noventa ya no me gustan nada. Hasta hace tres o cuatro años me los tragaba con mucho gustico pero un día dije "suficiente, gracias" y la verdad es que no he vuelto a caer en la trampa del "ay, qué vida tan dura, ay, qué pobres somos, ay, se murió mi padre".
Mensaka cuenta la historia de un grupo de jóvenes y sus circunstancias: la música, los sueños rotos, el paso del tiempo, la rutina, el trabajo, los amores, las drogas... Vamos, que de especial no tiene mucho. Es una historia cotidiana contada de una manera muy sencilla, que, al final, después de mucho insistir, consigue resultar mínimamente interesante, pero que termina pasando muy desapercibida. Demasiadas historias para tan poca película, y, realmente, ninguna del todo interesante. Quizás la que mueve todas las demás, la historia principal, por llamarla de alguna manera, tenga algo de gracia: tres amigos que llevan toda la vida tocando en su grupo de rock/punk y que van a ser fichados por una importante compañía discográfica; pero vamos, que seguro que era mucho mejor el libro.

Lo bueno que tiene es el casting, pues está interpretada por muchos actores que poco después lograron despuntar y que todavía hoy son referencia en el cine español. Todos ellos interpretan muy bien a sus personajes, de acuerdo con el realismo y casi naturalismo que intenta transmitir esta película. Destacaría el trabajo de Lola Dueñas, que como siempre, está fantástica, aún haciendo la pobre de yonki de Callejeros, y la de Willy Toledo, que interpreta a un Ricardo que recuerda muchísimo al Richard que le hizo más famoso. Aunque entre los actores de esta película se encuentra una de mis más odiadas, la hijísima de Marisol y su boca torcía, María Esteve, a la que he odiado de toda la vida.
Pero, en general, Mensaka me ha dejado igual que estaba. Ni me ha conmovido ni me ha enseñado nada nuevo, aunque tampoco me ha parecido un tostón ni creo que sea una mala película. Así que la voy a dejar entre Pinto y Valdemoro, dándole un ojete de monico.