13 ago 2011

Little miss sunshine

Nunca es mal momento para recibir el soplo de optimismo que nos infunde Little Miss Sunshine. Es la segunda vez que veo esta película. La primera fue ya hace unos años, por recomendación de mi ex y esta segunda ha sido en plenas vacaciones de relajación y misticismo. Creo que escogí un buen título para una de estas tardes, pues Little Miss Sunshine consigue, con todas sus desgracias, dibujarnos una sonrisa.

Como ya habré dicho miles de veces, me encantan los segundos visionados de las películas porque es en ellos en los que aprecias los detalles. Como ya sabes de qué va y el argumento no te puede sorprender, te paras a mirar otras cosas que también hacen grandes las películas. En el caso de ésta, lo más potente es el guión. Una buena historia y unos buenos personajes. Y lo mejor de todo es que esos personajes están interpretados por unos actorazos dignos de mi mayor admiración.

Para empezar, la pequeña Olive, interpretada magistralmente por una jovencísima Abigail Breslin, pone el puntito inocente y alocado a la película para compensar, por ejemplo, a su pobre hermano, que esconde una sobrecogedora historia; a su padre, buscador incansable del éxito, interpretado por el genial Greg Kinnear del que ya me había enamorado en Mejor… Imposible; a su madre, La Madre, la gran sufridora y luchadora, como siempre, interpretada por Toni Collete quien, ¡joder!, sabe elegir sus papeles. Pero los que realmente se llevan mi aplauso son el abuelo, quien consiguió un Oscar por su puesta en escena del Carpe Diem y, por supuesto, Steve Carell. No tengo palabras para expresar lo que me alucina este gran actor. Da gusto verle interpretando personajes que están a su altura, pues Hollywood nos tiene acostumbrados a adjudicarle comedias chorras en las que no brilla como él sabe.

Una zancadilla al sueño americano en la que todos los tópicos que tantas veces nos ha vendido su cine quedan por los suelos: los que venden la fórmula del éxito resultan ser unos fracasados, los que se intentan suicidar se vuelven hérores, los jóvenes rebeldes acaban teniendo razones de peso y las niñas rechonchas y divertidas son las que lo petan. Lo mejor de esta película es que es tan amarga como divertida, con un equilibrio perfecto para no hundirte en tu propia miseria y empezar a ver la vida con otros ojos.

Little Miss Sunshine es un viaje. El viaje de una niña que está convencida de que puede, por primera vez, lograr algo que para ella es muy importante y que acaba contagiando de felicidad y entusiasmo al grupo de amargados que tiene por familia. Un enorme copón de película para la niña más marchosa y más bella del cine americano.

11 ago 2011

27 vestidos

Estando de vacaciones tampoco puede una ponerse peliculones, también hay que darle vacaciones a la mente. Así que aprovechando que habíamos comprado una enorme tarrina de helado decidimos ponernos “una película de comer helado” y vimos 27 vestidos.

La protagonista de esta película tiene 27 vestidos de dama de honor, concretamente, porque se ha dedicado a organizar a la perfección las bodas de sus amigas (que hay que ver cuántas amigas tiene esta chica) y ha estado soñando toda su vida con su boda perfecta junto al hombre de sus sueños, su jefe. Con estos cuatro datos supongo que hasta el menos avispado habrá intuido, más o menos, de qué puede ir realmente la película, y aunque tiene alguna sorpresa y algún giro un poquito inesperado, la verdad es que 27 vestidos es una preciosa comedia romántica, tan preciosa como previsible, que nos invita a soñar a todas esas solteronas (como servidora) con el hombre ideal y el marco más apropiado para nuestro día más esperado (vomitad ahora).

Pero bueno, estas películas están para lo que están, para hacer pasar un rato entretenido a las chicas que llevan a regañadientes a sus novios al cine y para hacer soñar a esas otras chicas (sin novio, cómo me gusta usar el concepto “chicas sin novio”) que han estado toda la vida viviendo en un quiero y no puedo y que creen que a ellas también les pasarán cosas maravillosas un día por casualidad.

Estoy hoy un poco Carrie Bradshow, pero la buena, la que se cagaba en el romanticismo. Perdonadme. Continúo:

Una horterada de película que no se salva por ningún lado. Las interpretaciones no son creíbles, los tíos no están tan buenos, los personajes no tienen nada de especial, el guión no deja escenas para el recuerdo, la banda sonora no tiene temazos y… vaya, que hace mucho honor a su nombre: al igual que los vestidos de dama de honor, solo sirven para pasar el día una vez y son perfectamente desechables. Ojete de dromedario, por supuesto.

8 ago 2011

La cena de los idiotas

Tenía ganas de ver el remake estadounidense de La cena de los idiotas por ver a mi amadísimo Steve Carell, pero me daba a mí en la nariz que sería la mierda, así que llevaba tiempo dándole vueltas a la idea de verme la original francesa. Lo que pasa es que no me acababa de apetecer, porque aunque me he llevado alguna grata sorpresa, la verdad es que la comedia francesa no me tira mucho.

Pero mira tú qué casualidad tan bella, que me vengo de vacaciones a Galicia y mi compañera de viaje se la trae para que la veamos, así que una tarde después de una mañana de turismo muy intensa nos la vimos.

Lo que más me ha llamado la atención de esta película es la fuerza del guión, que permite mantener el tono en una película que prácticamente está rodada toda en un mismo escenario, con muy pocos personajes y a tiempo real (es decir, el tiempo que transcurre en la pantalla es el mismo que transcurre en nuestras vidas). Los personajes son estupendos y los actores saben cómo sacarle provecho, y eso se nota. En especial el “idiota” protagonista, Jacques Villeret, que debe de ser una eminencia en el cine francés pero a mí es que me sacáis de Gerard Depardeiu y no conozco mucho más.

Lo mejor de la película es que es francesa, quiero decir, que solo los franceses serían capaz de llamar directamente idiota a un personaje con tanto estilo y tanta clase consiguiendo que lo percibamos como idiota, sí, pero también como persona, y comprendamos sus sentimientos. También es un punto a su favor su corta duración. Está claro que la fórmula se agota y haberla alargado habría acabado cansando al espectador.

Así que ahora tengo más curiosidad aún por ver cómo lo habrán hecho los estadounidenses, los reyes de los personajes estereotipados planos. La versión francesa se lleva un copón de película por mi parte, ya veremos a dónde llega la americana.

1 ago 2011

La Máscara

Cuando era pequeña mi actor favorito era Jim Carrey. Hoy en día sigo reconociendo que fue y es un actor increíble, aunque mis gustos han cambiado un poquito. Por aquel entonces, película que protagonizaba Jim Carrey, película que me veía, y así, algunas de mis películas favoritas de la infancia fueron Ace Ventura 2, Mentiroso Compulsivo o La Máscara. Hace unos días me dio el puntito nostálgico y, con un poco de miedo, decidí volver a verla, después de unos ocho o diez años. Digo con un poco de miedo porque ya me ha pasado más veces que al haber vuelto a ver películas que de pequeña me parecían lo más me he dado cuenta de que realmente eran un truñaco y sin quererlo había destrozado un bonito recuerdo infantil, pero, afortunadamente, este no es el caso de La Máscara. La Máscara fue una de mis películas favoritas y he de reconocer que el paso de los años le ha sentado bien, porque me sigue pareciendo un peliculón.

La historia es bastante sencilla: Ipkiss, el protagonista, es un hombre un poco introvertido, que nunca ha sido capaz de mostrarse tal y como es ni de echarle cojones a la vida. Un día descubre una antigua máscara antigua que representa al dios Loki. Cuando una persona (o animal) se pone esa máscara es capaz de hacer todo aquello que siempre había deseado.

La película está hecha a medida para Jim Carrey. Solo un tipo tan alocado y exagerado como él podría hacer una interpretación tan brillante y divertida. El guión no es su punto fuerte, puesto que es bastante sencillo e incluso predecible, pero el personaje es tan potente que consigue hacernos pasar un buen rato.

La banda sonora además le pone un puntito de clase y un toque sexy y distinguido a esta comedia y los bailecitos que se montan los protagonistas son lo más. Y la que también es lo más es Cameron Diaz, que hace de mujer totalmente irresistible en un papel que también le viene al dedo.

Un sinfín de escenas divertidas, de guiños a los clásicos dibujos animados, de gags llenos de picardía, algún que otro número musical, alguna que otra pelea y una historia de amor. ¿Qué más se le puede pedir? Una película realmente entretenida. Copón de película para una de las comedias más míticas de los noventa.



Queridos lectores, con esto y un bizcocho me despido hasta más ver. Me voy de vacaciones a Galicia. Me voy a dar el gustazo de unas vacaciones de relajación máxima y eso quiere decir que no me voy a preocupar ni por el blog siquiera, así que hasta dentro de unos días. ¡Ved mucho cine en mi ausencia!