Supe de su existencia gracias a Filmaffinity, ya que ahora puedes encontrar películas por su género, y tienen un apartado dedicado a la comedia absurda. Y en el puesto número seis del ranking de esta página de comedias absurdas se encontraba ésta, y la curiosidad me picó. Lo único que me tiraba un poquito para atrás es que la película era una parodia del género negro, y a mí el género negro, en plan detectives y demás, me gusta muy pero que muy poco. Pero que el género negro me guste poquito fue lo mejor que me podía pasar, pues esta película se para a criticar justo lo que a mí no me gusta de ese género: que sea tan inverosímil y que las cosas se resuelvan así como así.
Un cadáver a los postres es una película sobre un excéntrico millonario (la palabra excéntrico y millonario siempre suelen ir junticas, casi como craso error) que invita a cenar a su castillo a los cinco mejores detectives del mundo. Antes de cenar les comunica que a las doce en punto uno de los comensales será asesinado en sus propias narices, y les reta a que adivinen quién es el asesino.
Bajo este planteamiento se van sucediendo un sin fin de tontadas que no tienen ni pies ni cabeza y que le dan a la película el puntito necesario para ser divertidísima. Ya no solo es que la trama tenga su intriga, que la tiene, sino que además quieres seguir viéndola porque te lo estás pasando realmente bien. Como en toda película de investigación de un asesinato que se precie, aquí también tenemos un mayordomo, llamado James Señor Benson Señora, y me atrevería a decir que es de lo mejorcito de la película. Bueno, él, y Colombo.Os la recomiendo encarecidamente porque es una película realmente curiosa que, estoy segura, os hará pasar un rato muy divertido. Eso sí, si no soportas los gags tontunos, entonces mejor ni te acerques. Para mí es un copón de película maravilloso.