Por supuesto que esta generación no se puede comparar a la primera, y que como Chris no hay nadie, pero los chicos de esta segunda generación de Skins, que comprende la tercera y la cuarta temporada de la serie, también tienen su puntito. Si alguno no sabe qué es Skins, que he empezado yo ahí muy directa dando por sentado que todos podríais saberlo, es una serie británica tipo Física o Química, es decir, de dramas adolescentes, pero vamos, nada que ver, más que nada porque esta es buena.
La primera generación fue tan buena y tan potente que los guionistas tenían que hacer el más difícil todavía, y se la jugaron con los personajes, creando a otro grupo de jóvenes de nuevo muy heterogéneo, y, además, planteándoles una serie de situaciones aún más complicadas. Cabría destacar, o, al menos, a mí me encantó, los dos minutos iniciales de la cuarta temporada, con el incidente de la discoteca. Y por supuesto, ese sangriento final.En esta segunda generación he caído rendida a los encantos de Cook, más después de ver su cuerpo serrano, aunque repito, a Chris no lo olvido. Por otro lado, gran parte de la trama gira en torno a Effy, que además es el nexo de unión entre la primera y la segunda generación, y yo os tengo que decir una cosa: ¡no trago a esta chica! ¡se merece todo lo que le pasa!
Skins ha sido una serie que me ha encantado. Superfresca, muy dinámica, con unos personajes que logran enamorarte... por eso me sigue pareciendo un copón de serie. Hay una tercera generación, pero yo creo que me voy a dar un descanso y, por ahora, no voy a seguir con la serie.
