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11 dic 2010

Sherlock

Nunca, nunca, nunca, jamás de los jamases he leído una sola línea escrita por Conan Doyle. No me estoy vanagloriando de ello, más bien todo lo contrario. Si Serlock Holmes era un personaje que nunca me había llamado la atención, la verdad es que últimamente me va provocando, al menos, cierta curiosidad. Primero fue Jardiel Poncela, y sus divertidísimas novelas cortas en las que homenajea al famoso detective. Luego vino la película, en concreto, la protagonizada por Downey Jr., (ni siquiera he visto la dirigida por mi amadísimo y admiradísimo Billy Wilder) que aunque no me pareció lo más de lo más, me resultó bastante entretenida. Y ahora ha llegado la serie, que me ha encantado.

Me enteré de la existencia de Sherlock por recomendación de un amigo. Al principio me daba mucha pereza verla, porque ya os digo que al personaje de Holmes siempre le he tenido bastante manía, pero bueno, poco a poco me fui convenciendo a mí misma de que tampoco perdía nada por echarle un vistazo. Además, la serie contaba con el aliciente de que era una producción inglesa. Y oye, yo no sé qué tendrán los ingleses, pero últimamente se están marcando unas series cojonudas los tíos.

Si queremos utilizar pocas palabras, podría decirse que Sherlock es una serie en la que se coloca al famoso detective en pleno siglo XXI. Y ya está, porque por todo lo demás, supongo que será bastante parecido al personaje de Conan Doyle. Aquí también es amiguito de Watson y aquí también resuelve casos misteriosos valiéndose de su increíble ingenio y su capacidad de observación. Vaya, que lo bueno que tiene esta serie no es que vaya de Sherlock Holmes, sino que va de un señor megainteligente que ayuda a la policía a resolver casos, generalmente de asesinato, al que le encanta lo que hace y que no duda en demostrar, cuando tiene la oportunidad, que lo hace mejor que tú.


No puedo hablar de que esta sea una buena o una mala adaptación, así que solo hablaré de lo que la serie me ha mostrado. En primer lugar, me parece un acierto colocar la acción en el Londres actual y continuar el juego que ya practicaba Conan Doyle de trasladar a su personaje a escenarios reales y reconocibles, y dotar al detective, a la hora de resolver un misterio, de herramientas que cualquiera podría conseguir. El mérito de los guionistas, en esta serie, es absoluto. Los guionistas logran levantar un personaje que se come la serie por su carismática indiferencia y su alto grado de egoísmo, que, por difícil que parezca, resulta encantador. Probablemente Sherlock Holmes no necesite nuestro cariño, pero los espectadores estamos obligados a amarle. Los diálogos son muy inteligentes y perspicaces, fluyen de la boca de los personajes de una manera natural pero vertiginosa, y pueden provocar mareos en el espectador, que a veces (o por lo menos, eso me ha pasado a mí) no sabe ni por donde le vienen los tiros. Y las tramas de cada capítulo, además de atraparte por completo y de engancharte hasta el final, están a la altura de cualquier tapete hecho de encaje de bolillos. Vamos, que son una auténtica locura. Las interpretaciones de los personajes protaogonistas también ayudan, pues la pareja formada por Benedict Cumberbatch, que encarna a Holmes, y Martin Freeman, que hace de Watson, encaja a la perfección.

Podría decir muchas más cosas buenas de esta serie, pero prefiero contar de ella lo mínimo posible para que vosotros la descubráis (y disfrutéis, que lo haréis) por vuestra cuenta. Yo le doy un super copón de serie y os animo a que le echéis un vistazo. Son solo tres capítulos, y realmente merece la pena.