Bueno, a lo que vamos. Lo primero a lo que vamos es a ponernos serios, porque hoy vengo a hablar de una película que merece esa seriedad. Si tú, querido lector, eres de los que solamente me lees para echarte unas risas, lo siento, pero hoy no es tu día. No obstante, os pediría a todos que siguierais leyendo porque vamos a hablar de una película... no sé ni cómo calificarla. Al menos de una buena película, pero también una película especial y yo me atrevería a decir que necesaria.
¿Veis al chico de la foto? ¿Muy majete, no? Parece un chico joven, bien peinao, bien afeitao... y encima hasta parece un tío enrrollao... con su cómplice guiño de ojo. ¡¡Pues nada más lejos de La Coruña!! Este es uno de los personajes más hijos de puta de la historia del cine, y quien haya visto Funny Games, me dará la razón, y quien no la haya visto, ahora le cuento.
Lo peor de todo es que este personajillo de cuyo nombre no quiero acordarme es una especie de metáfora, o de representación, del espectador dentro de esta propia película. No sé si me explico, pero lo voy a intentar. Para ello, vamos a rebobinar, que eso es mucho de Funny Games también.
Funny Games es una película del genial director austriaco Michael Haneke. Y dicho esto, dicho todo, porque si por algo se caracteriza el cine de Haneke es por mostrar la violencia de una manera tan cruda, tan cercana, tan real. Haneke lo que quiere, en toda su filmografía en general, es que el espectador consiga distanciarse de la película para poder reflexionar sobre lo que él está proponiendo. En Funny Games el tema principal es la violencia. Muchos son, y somos, los amantes de las películas violentas (Tarantino...) llenas de sangre (Matanzas de Texas y demás), del gore (Braindead) y de las escenas que son escenario, valga la rundundancia, (hoy, me encuentro muy Martes y 13 en cuanto a mi lenguaje se refiere) de asesinatos increíbles. Haneke lo sabe, sabe que existen los perturbados como nosotros porque yo creo que él también es uno de ellos, pero aprovecha para darle una vuelta y jugarlo, nunca mejor dicho, a su favor. Funny Games debería ser un juego para todos nosotros, amantes de todos esos referentes que he citado antes. Un juego muy divertido, pues, como si estuviéramos casi en un videojuego, podemos llegar a sentir en primera persona que somos nosotros los encargados de todas las aventurillas que se suceden en esta película. Y por si a alguno no le queda claro, ahí está el guiño cómplice, y otra serie de alusiones directas que se suceden durante la película, del chico tan majo de la foto de antes al espectador.
¿Y qué ocurre cuando tú, en primera persona, destrozas a una familia entera en una sola noche? Los más enfermos dirán "cojonudo tío", pero lo normal es que el espectador se pare a pensar y diga, "hostia, esto no mola". No mola disfrutar con el sufrimiento de una mujer, no mola disfrutar con la muerte de un ser humano, no mola disfrutar con las fracturas ajenas, y no mola disfrutar con las sesiones de tortura. Y creedme, esta película, no mola. No mola en cuanto a lo mal que se pasa viéndola, pues lo más impresionante que tiene, que es mucho, es que mostrando lo mínimo, (prácticamente no hay sangre, prácticamente no hay violencia explícita... si no que todo se eleva hasta el nivel más insoportable, el psicológico), consigue crear repugnancia en el espectador. Y, sin embargo, me parece una película fascinante.
Funny Games es una provocación, una llamada de atención, una especie de "eh, tú, ¿te gusta pasarlo bien? Pues pasa, que cenas" que se vuelve completamente insoportable por la fuerza tan arrolladora que posee esta película. Ésta sí que es una de esas películas que te amarga la tarde, y si me apuras, la existencia. Y esta es una de las cosas que más me gusta del cine. Como ya he dicho mil veces, yo sigo considerando el cine un arte, y para mí el arte es una forma de expresarse, de comunicación, y de la comunicación también forma parte el receptor, en el caso del cine, el espectador. Por eso, esas películas que logran conmoverme, que logran hacer que me estremezca (para bien o para mal) para mí siempre estarán consideradas como unas buenas películas. Así que Funny Games también lo es, es una buena película. Un copón de película, y de los altos, además. Muy recomendable, aunque no para gente realmente sensible.
Lo peor de todo es que este personajillo de cuyo nombre no quiero acordarme es una especie de metáfora, o de representación, del espectador dentro de esta propia película. No sé si me explico, pero lo voy a intentar. Para ello, vamos a rebobinar, que eso es mucho de Funny Games también.
Funny Games es una película del genial director austriaco Michael Haneke. Y dicho esto, dicho todo, porque si por algo se caracteriza el cine de Haneke es por mostrar la violencia de una manera tan cruda, tan cercana, tan real. Haneke lo que quiere, en toda su filmografía en general, es que el espectador consiga distanciarse de la película para poder reflexionar sobre lo que él está proponiendo. En Funny Games el tema principal es la violencia. Muchos son, y somos, los amantes de las películas violentas (Tarantino...) llenas de sangre (Matanzas de Texas y demás), del gore (Braindead) y de las escenas que son escenario, valga la rundundancia, (hoy, me encuentro muy Martes y 13 en cuanto a mi lenguaje se refiere) de asesinatos increíbles. Haneke lo sabe, sabe que existen los perturbados como nosotros porque yo creo que él también es uno de ellos, pero aprovecha para darle una vuelta y jugarlo, nunca mejor dicho, a su favor. Funny Games debería ser un juego para todos nosotros, amantes de todos esos referentes que he citado antes. Un juego muy divertido, pues, como si estuviéramos casi en un videojuego, podemos llegar a sentir en primera persona que somos nosotros los encargados de todas las aventurillas que se suceden en esta película. Y por si a alguno no le queda claro, ahí está el guiño cómplice, y otra serie de alusiones directas que se suceden durante la película, del chico tan majo de la foto de antes al espectador.
¿Y qué ocurre cuando tú, en primera persona, destrozas a una familia entera en una sola noche? Los más enfermos dirán "cojonudo tío", pero lo normal es que el espectador se pare a pensar y diga, "hostia, esto no mola". No mola disfrutar con el sufrimiento de una mujer, no mola disfrutar con la muerte de un ser humano, no mola disfrutar con las fracturas ajenas, y no mola disfrutar con las sesiones de tortura. Y creedme, esta película, no mola. No mola en cuanto a lo mal que se pasa viéndola, pues lo más impresionante que tiene, que es mucho, es que mostrando lo mínimo, (prácticamente no hay sangre, prácticamente no hay violencia explícita... si no que todo se eleva hasta el nivel más insoportable, el psicológico), consigue crear repugnancia en el espectador. Y, sin embargo, me parece una película fascinante.
Funny Games es una provocación, una llamada de atención, una especie de "eh, tú, ¿te gusta pasarlo bien? Pues pasa, que cenas" que se vuelve completamente insoportable por la fuerza tan arrolladora que posee esta película. Ésta sí que es una de esas películas que te amarga la tarde, y si me apuras, la existencia. Y esta es una de las cosas que más me gusta del cine. Como ya he dicho mil veces, yo sigo considerando el cine un arte, y para mí el arte es una forma de expresarse, de comunicación, y de la comunicación también forma parte el receptor, en el caso del cine, el espectador. Por eso, esas películas que logran conmoverme, que logran hacer que me estremezca (para bien o para mal) para mí siempre estarán consideradas como unas buenas películas. Así que Funny Games también lo es, es una buena película. Un copón de película, y de los altos, además. Muy recomendable, aunque no para gente realmente sensible.